SOBRE MÍ

A esta abogada en Alemania, se le llama Araceli Rojo Corral. Vive en Hannover desde 2014 y trabaja en un despacho de abogados en la misma ciudad. Es madre de un niño y mujer de un alemán, de ahí la aventura. Eso es lo que soy ahora. Eso y muchas cosas más. Antes era otra cosa.

Vengo de la capital del reino. Soy la tercera de cuatro hermanos,  tres varones y yo. Mis días escolares los pasé en el colegio Mater Salvatoris de Madrid. Más tarde me decidí a estudiar Derecho en la Universidad Complutense. Los primeros años de carrera fueron un desastre. Me preguntaba qué hacía yo ahí. Las clases eran tediosas. Señores con corbata se sentaban en una mesa y con un manual delante, escrito por ellos mismos, leían durante 45 minutos. Yo les miraba y me imaginaba sus miserables vphoto-1424896041628-083a222840f6idas. ¿Por qué hacer eso con su tiempo? Podrían estar haciendo millones de cosas apasionantes pero prefieren estar ahí sentados leyendo. Así concluí que el derecho era eso, que las leyes eran eso y que ser abogado era eso.

Así pasaron tres años: sin aprobar apenas ninguna, y sin asistir a esas clases. La cafetería y los pasillos eran mucho más interesantes. Ahí se hablaba de filosofía, de chistes y de chicos. Muchos profesores pasaban por los pasillos y miraban con desdén por encima del humo de nuestros cigarros, pensando que el futuro estaba perdido. Yo les devolvía la mirada pensando que el futuro lo habían matado ellos, que nosotros solo queríamos vivir apasionadamente y que eso no pasaba por aguantar clases en las que se leyese un manual.

Al tercer año, vino Derecho Mercantil y su profesor. El derecho y yo nos reconciliamos. Ser abogado era ser defensor de la Justicia y la Paz. Estudiar las leyes significaba hacerse preguntas sobre nuestra propia existencia y las clases eran 45 minutos de emociones en las que, si su dedo te apuntaba (desde cualquier punto de la habitación) tenías que responder con lo más ingenioso que se te ocurriera. Eso implicaba estar siempre alerta. Me licencié dos años después con las mejores notas que he tenido en mi vida. Solo porque alguien sentía pasión por lo que hacía y había sabido transmitirlo. No sé qué habría sido de mí si no nos llegamos a encontrar aquél profesor y yo. Así de importante es la profesión del maestro.

Trabajé dos años en un despacho haciendo de todo: desde fotocopias hasta defensa en jucio. Pagaban poco pero valoraban mucho, delegaban mucho y se aprendía mucho, mucho. Más tarde, y queriendo internacionalizarme y refrescarme un poco, pasé un año trabajando como Asistente de Investigación en el IESE Business School. Leí mucho, aprendí a escribir con rigor científico y asistí a clases que valen mucho dinero como oyente.

Después de un año y con mi primer artículo publicado bajo el brazo, decidí especializarme en el sector internacional (el alemán ya había entrado en mi vida). LL.M. in International Law, Foreign Trade and International Relations. Allí hice amigos para toda la vida, conocí mis límites personales y profesionales y aprendí a vencerlos.

Después de una beca en Baviera en una empresa internacional, me mudé a Hannover y aquí sigo. Las cosas no han sido fáciles pero podrían haber sido más difíciles. Agradecida por lo aprendido y expectante por el futuro, comienzo este Blog con humildad y auto exigencia.

 

Una Abogada en Alemania

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