Nuevo proyecto de ley alemán sobre crímenes de odio y noticias falsas en redes sociales

Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que ellos practican, la otra mitad practica lo que ellos censuran“ Benjamin Frankling

El pasado mes, se hacía pública por el ministro de justicia alemán Heiko Maas, la promulgación de un nuevo proyecto de ley sobre la lucha contra las llamadas noticias falsas (Fake News) y los crímenes de odio llevados a cabo en las redes sociales.

El citado proyecto de ley asienta las bases para una futura ley al respecto que se llevará a cabo una vez se compruebe la concordancia de este proyecto con las leyes europeas y se acuerde por el congreso alemán su aprobación. El texto consta de seis artículos. En el primero de ellos se describe su alcance, afectando éste a los proveedores de servicios telemáticos de plataformas de internet, mediante los que se obtiene un beneficio y que permite a los usuarios compartir cualquier contenido con otros usuarios. Se excluye de la aplicación de dicho proyecto de ley tanto a las plataformas periodísticas o editoriales como a las que no superen los dos millones de usuarios en Alemania. Además impone la obligación de información trimestral sobre el proceso de tramitación de quejas de contenidos ilícitos. El proveedor deberá examinar y, cuando proceda, eliminar o bloquear el acceso, al contenido ilícito en un plazo de 24 horas desde la recepción de la queja, si se trata de contenido manifiestamente ilegal y en un plazo de 7 días para cualquier otro contenido ilegal.

Las infracciones administrativas en las que se pueda incurrir van desde el incumplimiento de este deber de información, la no designación de un gestor de quejas o el incumplimiento de alguno de los plazos. Estas sanciones pueden rondar entre los 500.000 y los 5 millones de euros.

En la exposición de motivos, el ministro manifiesta la urgente necesidad de luchar contra esta plaga de odio en las redes sociales, en las que cualquiera puede verter su veneno sin ninguna consecuencia por parte ni de las autoridades ni de los proveedores de dichos servicios. Dice textualmente que como consecuencia, en la actualidad “los crímenes de odio no pueden ser combatidos y perseguidos de manera efectiva, suponiendo una gran amenaza para la coexistencia pacífica de una sociedad libre, abierta y democrática”.

Después de leer el proyecto de ley detenidamente, me han venido muchas preguntas a la cabeza que no consigo, algunas de ellas, responder: ¿Esto es posible en la práctica? ¿Qué pretende el gobierno alemán con esta promulgación y por qué ahora? ¿Quién decide y bajo qué criterios lo que es contenido ilícito y lo que no lo es? ¿Dónde se encuentra la difusa línea entre la libertad de expresión y la censura?

 

“De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes” Jules Renard

En Enero de 2015 tomé la firme decisión de prescindir de Facebook de una vez por todas en mi vida. Dos años después puedo decir que no me he arrepentido ni un solo segundo, no porque considere que las redes sociales son malas (el problema es el uso que hacemos de las cosas, no las cosas en sí mismas, puesto que no son más que eso, cosas) si no porque sentía mi libertad comprometida en gran número de aspectos, pero sobre todo al no ser yo quien elegía la información que recibía. Me parecía enormemente molesto que la red social me sugiriera determinadas noticias de forma arbitraria, solo porque la mayoría de los amigos de los que disponía en dicha red eran simpatizantes de ese tipo de noticias.

El algoritmo de Facebook interpreta cuál puede ser la corriente de tu pensamiento según lo que indicas que te gusta, los gustos de tus amigos, tu sexo, tu edad y las fotos que publicas, y te muestra en consecuencia noticias relacionadas con esos gustos y preferencias. De esta manera, si tienes fotos de viajes, eres mujer, haces fotos de tu comida y tienes amigos que votarían a Trump, Facebook te sugiere publicidad de viajes, ropa, restaurantes y te muestra el último vídeo en el que se demuestra que Hillary es una asesina.

Muchos de vosotros pensaréis: “ya bueno, pero eso pasa en cierta manera también con los periódicos” No os quito razón. Si mi pensamiento se inclina más por la izquierda o la derecha, tenderé a consumir más periódicos de una corriente o de otra y dichos periódicos siguen una línea concreta en la publicación de dichas noticias. La diferencia es, primero: que en esa ocasión soy yo quien decide qué noticias consumir; y segundo, que un medio periodístico tiene un filtro de investigación de fuente, las redes sociales no. A Facebook le da igual si esa noticia es falsa, a Youtube no le interesa que el montaje de vídeo sea mentira, a Twitter le da igual que una foto no sea real. Y se publica, y se ve y se cree.

El papel de las redes sociales en la construcción de opinión en la sociedad quizá es carne de otro post, puesto que corren ríos de tinta sobre el tema y no deja de ser apasionante su poder, pero no me extenderé a ese respecto, dando por supuesto que es obvia su influencia. El problema era que yo utilizaba esta red social para informarme y muchas noticas y vídeos que me sugerían no tenían ningún tipo de filtro periodístico, encontrándose entre ellas montajes o noticias inventadas. Y puedo afirmar sin temor a equivocarme, que parte de mis colegas generacionales hacen lo mismo. Así que, como consecuencia, tenemos una generación cuya fuente de información está totalmente fuera de control y contaminada.

Esto no les ha preocupado a los estados hasta ahora, puesto que pensaban que solo un puñado de mocosos eran lo suficientemente ingenuos como para creerse esa sarta de sandeces. Y entonces llegaron las elecciones americanas…

En un sistema democrático como el americano, los periódicos tienen una tremenda influencia en periodo de elecciones. Cada candidato tiene periódicos a su favor y las portadas son una batalla campal en campaña. La particularidad en esta ocasión es que parecía que todos los periódicos estaban de acuerdo en una cosa: Trump no molaba. Así que Trump se sirvió de esta nueva herramienta del siglo XXI llamada “redes sociales” y dejó que sus dedos volaran al ritmo del pío pío de un pájaro en 150 caracteres. Y ganó. Ante la atónita mirada del mundo ganó. Pensar que las redes sociales fueron las causantes de su victoria es mucho suponer, pero afirmar que lo habría hecho aunque estas no existieran también lo es.

La mitad de Europa se encuentra en los próximos años en elecciones (Alemania concretamente en Septiembre de este año). Pensar que algo así pueda pasar con AFD hace temblar a cualquier alemán de bien y la desprotección a la que se exponen los políticos en las redes les ha hecho temblar, sobre todo desde que se publicó una foto de Angela Merkel en Twitter en la que aparecía con un refugiado. Foto que se alteró y se colocó el rostro del terrorista de los atentados de Bruselas, proclamándose por los medios de comunicación de medio mundo que la señora Merkel y el terrorista se habían hecho, días antes del atentado, un simpático selfie juntos. ¿O era realmente el terrorista y después se intentó limpiar el estropicio (¿cómo iba a saberlo la señora Merkel?)?La duda quedó sembrada para siempre. ¿Quién nos protege de eso, de esa duda sobre todo lo que leemos? La respuesta es tan clara como desconcertante: nadie.

 

Sin más dilación me despido, no sin antes saludaros cordialmente

 

Una abogada en Alemania

 

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