LA VISITA DE ONCE (Atención spoiler)

Otra vez lunes. Entro en el edificio de mi despacho y observo como cada mañana mi nombre en la puerta. Por fin han corregido la errata. Llamo a la puerta y me recibe la secretaria, hecho que sorprende, puesto que no suele decir buenos días. Se limita a abrir la puerta y a huir a su sitio. Le saludo con una sonrisa mañanera pero noto que me mira con preocupación y mi semblante cambia.

– Tiene una visita- dice errática.

Se aparta y justo detrás se encuentra la sala de espera de los clientes. Mis ojos no dan crédito y observo una niña con el pelo rapado, un vestido rosa y una cazadora azul .

– ¿Once?- pregunto catatónica. La niña se levanta del asiento de cuero negro y me asiente sin expresión alguna en el rostro.

– ¿La conoce?- dice Miriam con desconfianza- He estado a punto de llamar a la policía pero no sabía si era una conocida suya y he preferido esperar a que llegara.

– Has hecho bien- respondo sin apartar la vista de Once- Por favor acompáñame a la habitación dos- le digo a la chiquilla- Miriam necesito un café, agua y un par de gofres.

Miriam me mira extrañada. Me dirijo a la habitación cediendo el paso a la pequeña. Se sienta enfrente de mí y dejo mi bolso en el asiento de mi derecha sin apartar la vista de mi visitante. Todavía no me puedo creer lo que estoy viendo. La última noticia que tenía de ella era que había desaparecido al otro lado sacrificándose para acabar con el monstruo.

– ¿Qué puedo hacer por ti?

– Necesito asesoramiento legal.

– Vaya, que español más fluido- digo con sorpresa.

– Nací en Barcelona. Es una larga historia.

– Ah! Fíjate- respondo como con cara de boba- ¿Qué es lo que te interesa saber exactamente?

– Mi madre es alemana. Se fue a Estados Unidos con mi padre pero es de aquí. Creen que no habla porque tiene una enfermedad, pero realmente no entiende ni papa de inglés. Mi padre tampoco es que sea un hombre muy hablador así que el idioma no fue un problema. Cuando llegue el momento, mi plan es convencerla de que vuelva conmigo a Alemania y que los tribunales alemanes le den la guardia y custodia. Así mi padre no podrá tener influencia en el proceso. No quiero volver hasta que tenga todo atado. Mientras tanto me conviene que piensen que he muerto.

– Sobre todo tu padre.

– Sí.

– Entiendo. Pero antes de meternos en faena me gustaría saber cómo me has encontrado. ¿Por qué yo?

– Necesitaba una abogada que trabajara aquí y que hablara español. Entré en tu página web y la verdad es que me pareciste simpática.

– Ah! Gracias– no doy crédito a lo que está pasando pero sigo hablando- No estoy especializada en Derecho de familia.

– Lo sé. Pero confío en ti. –Dice con determinación. Sigo sin entender nada pero empiezo a revolver en mi bolso para sacar un boli y un papel y tomar notas.

– Tengo varios compañeros en el despacho que me pueden ayudar. Creo que lo primero es dar a conocer tu situación a los servicios sociales, pedir una orden de alejamiento de tu padre…

– No lo entiendes- me interrumpe acercándose a la mesa como si fuera a decir algo que requiere especial atención- Nadie puede saber que estoy viva. Solo te pido que me informes del proceso.- dice lentamente con los ojos húmedos.

– Está bien- digo dándome cuenta de la gravedad de la situación- Lo que planteas es más complicado de lo que parece. Tu plan requiere que tu madre venga aquí contigo y empezar el trámite de reclamación de guardia y custodia, pero eso implicaría secuestro.

– ¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

– Si tu madre viaja contigo a otro país desde el extranjero sin el consentimiento de tu padre, se consideraría secuestro de menores. Creo que lo mejor sería empezar el proceso de reclamación de custodia allí.

Miriam se dispone a entrar con el café y los gofres pero Once, al percatarse de que la puerta empieza a abrirse, mueve la cabeza con un movimiento rápido y con furia hace que la puerta se cierre de un portazo, haciendo que la bandeja con los avíos se precipite en mil pedazos en el suelo. Las paredes son de cristal y en ese momento mi mirada atónita se cruza con la de Miriam, que, lejos de proceder a recoger el estropicio, sale disparada hacia el fondo del pasillo con pánico en el rostro. Once no ha dejado de mirarme en todo el proceso. Yo me agarro a los apoya brazos de la silla rogando al cielo que, en un movimiento de cabeza no me retuerza el pescuezo con sus poderes.

– Eso no puede ser. Ella es mi madre- dice casi con furia.

– Lo sé- digo tras tragar saliva- Por muy duro que parezca en tu situación, tu padre tiene derecho sobre ti. Además, me atrevería a decir que ha incapacitado a tu madre para poder tener tu guardia y custodia en exclusiva. Lo primero que aconsejaría es recurrir la declaración de incapacidad de tu madre.

– No lo entiendes. Los tentáculos de mi padre son interminables. Tiene influencia sobre todos los jueces del estado.

Después de unos segundos que se me antojaron horas de intenso contacto visual, relajó el rostro con un suspiro, se limpió una gota de sangre que asomaba de su nariz y se puso en pie.

– Muchas gracias por todo.- dijo sin abrir los ojos. Después se dirigió a la puerta. Antes de llegar se dio media vuelta y me miró fijamente. Era una mirada entre tierna y aterradora.

– ¿Dónde irás? ¿Qué vas a hacer? ¿Quieres que explore otras opciones?- alcanzo a decir entre tartamudeos.

– Tengo otra idea- dice con una sonrisa terrorífica.

Abre la puerta del despacho sin tocarla y antes de marcharse observa que, entre el estropicio de tazas y restos de café, asoman un par de gofres. Se agacha, los coge y empieza a saborearlos al tiempo que sale del despacho con paso decidido.

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