Directiva (UE) 2016/943 sobre protección de los Secretos Profesionales: Pros y Contras

Hace apenas un mes se publicó la Directiva Europea  2016/943 sobre protección de secretos comerciales, que sienta las bases para que los Estados miembros desarrollen sus leyes nacionales.

Uno de los puntos sobre los que el texto arroja luz es el relativo al concepto «secreto comercial», definiéndolo como:

  1. Información confidencial
  2. Que tiene un valor comercial como consecuencia de su confidencialidad
  3. Y goza de medidas razonables de protección por parte del poseedor del secreto profesional.

Dicha figura, el «poseedor del secreto profesional«, también está definida en la Directiva como cualquier persona física o jurídica que ejerza el control de dicho secreto profesional (un empleado, empresa, investigador, etc).

¿Por qué era necesaria esta directiva?

Europa lleva un tiempo queriendo estar a la vanguardia en innovación. Sus grandes competidores, Estados Unidos y China, tienen una consolidada regulación sobre este tema. No es este el caso de Europa. La divergencia de las regulaciones nacionales en términos de protección de secretos comerciales implica, entre otras cosas, que los mismos no gozan de equivalente protección, por lo que se produce una fragmentación del mercado interior. Sale caro en términos contractuales asegurar una idea para poder compensar así la insuficiente protección jurídica. Los competidores desleales ven un negocio en el hecho de adquirir un secreto comercial de forma ilícita, ya que después pueden rentabilizar por todo el mercado interior las mercancías obtenidas. Esto produce a su vez el detrimento de la competitividad.

Pros de la directiva:

Con la elaboración de este documento se facilita al legislador de cada Estado miembro un marco o guía a través del cual desarrollar sus leyes nacionales en aras a favorecer el crecimiento de la Unión Europea en materia de innovación. Hay una seguridad en lo que se refiere a conceptos, sentando las bases de cualquier contrato. Tener un mercado seguro en materia de secretos comerciales proporciona un crecimiento en la inversión en I+D. lo que a su vez implica la creación de nuevos y mejores productos, lo que podría desencadenar en más puestos de trabajo.

Además las PYMES y Start-ups verán incentivada la confidencialidad de sus ideas, impulsándolas a innovar con las garantías que la ley proporciona. Todo esto implicará un entorno más seguro en materia legal en la Unión Europea.

Contras de la Directiva:

Mucho se ha hablado acerca de la figura del Whistleblower (delator) en relación a este tema. Se conoce como Whistleblowing a la práctica que implica la divulgación de secretos profesionales como medio de denuncia de las gestiones fraudulentas de empresas u órganos públicos. También es importante  a este respecto el papel de la prensa, puesto que es la encargada de hacer conocer la información y podría incurrir en complicidad del anterior delator.

Son muchos los sectores que han denunciado que la directiva no ofrece suficiente protección a estas dos figuras, proporcionando a las empresas un escudo protector tras el que blindarse. Sin embargo, la directiva en su artículo 1 establece el ámbito de aplicación y en su apartado a) y b) hace referencia a estas dos circunstancias. La discusión es relativa al término “por motivos de interés público”. Tendrán que ser los Tribunales quienes determinen la necesidad de la divulgación o no, siendo esto cuanto menos peligroso.

Otro elemento que a mi juicio no deja claro el texto, es la figura de “el tercero de buena fe”. En su artículo 4.5 se establece que: “La producción, oferta o comercialización de mercancías infractoras (…) se considerarán asimismo utilizaciones ilícitas (…)”. Anteriormente en su Artículo 2.4 se define “mercancía infractora” como “aquellas mercancías cuyo diseño, características, funcionamiento (…) se beneficien de manera significativa de secretos comerciales obtenidos, utilizados o revelados de forma ilícita”. Este sería el supuesto de un importador o vendedor de buena fe que comercialice un producto que se haya obtenido en algún momento de la cadena de producción, como consecuencia de la vulneracion de un secreto profesional. En este caso el vendedor, importador debería controlar toda la cadena de producción para cerciorarse de que no ha sido en ningún momento objeto de una vulneración de un secreto profesional. Determinar, por tanto, qué es lo que tiene que saber el tercero de buena fe y cuándo debe saberlo, será importante para exonerarle de responsabilidad.

Una vez más tendrán que ser los Tribunales quienes arrojen luz a estas interpretaciones, pero lo que está claro es que, a pesar de tener luces y sombras, es una Directiva necesaria y oportuna.

 

Sin mas dilación me despido no sin antes saludaros cordialmente.

 

Una abogada en Alemania

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