El buen juicio, el juicio mediático y otros compañeros de la Justicia.

«Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa» Montesquieu 

Según el monje francés Jacques Philippe: «la Justicia es la virtud que permite la convivencia recta entre los hombres». Esta Justicia tiene tres aspectos:

  1. Relación de los hombres entre sí
  2. Relación entre la sociedad y el individuo
  3. Relación del individuo con la sociedad

Como individuo, tengo que construir relaciones de justicia con las personas con las que me relaciono a diario (mi familia, mis compañeros de trabajo, el panadero). Además la sociedad tiene que promover la Justicia para con los individuos. Y por último, el individuo tiene que luchar para que la sociedad sea cada vez más justa. Solo con el trabajo de estos tres aspectos, se conseguiría, a través de la Justicia, la Paz Social. La Paz, como resultado de la Justicia, según el Pr. Philippe, se compondría  a la vez de la relación entre el orden con los demás y el orden con Dios. El orden con Dios se conseguiría con el deseo de no pecar y la aspiración de tener a Cristo como centro. El orden con los demás se conseguiría:

  • Viviendo las 3 relaciones de la Justicia:
  1. Con obras
  2. Con palabras
  3. Con juicios
  • Viviendo la Misericordia.

Grande es el debate entre la Justicia y la Misericordia: ¿Se es justo si se es misericordioso? ¿No es la Misericordia un obstáculo para aplicar con rigor la Justicia? ¿Se obtiene como resultado la Paz si aplicamos Justicia y Misericordia?

Si seguimos la reflexión del Pr. Philippe, la consecución de la Paz, sería la medida perfecta entre Justicia y Misericordia. Y esta constelación es la que, a mi parecer, podemos apreciar en cualquier Sala de Vistas de cualquier Juzgado.

Hay muchas personas que consideran que un Juicio Oral es del todo desagradable: tiburones (estos somos nosotros, los letrados) enseñando fauces, contando mentiras y manipulando las normas para la consecución de sus objetivos. Personas con desagradables circunstancias que, incapaces de solucionar sus problemas por sí mismas, tienen que acudir a una parte objetiva que interceda. Bueno, mucho de todo esto, en muchas ocasiones se encuentra en una Sala de Vistas. Y posiblemente muchos se tomen su trabajo como abogado, de esta manera, diciéndole a su cliente que matará por él y después saludando con una gran sonrisa al abogado de la parte contraria al grito de “compañero”.

La realidad, la maravillosa realidad de nuestra profesión, es que nosotros estamos dentro de esa Sala para equilibrar esa balanza. A veces nos encontramos en la parte de la Justicia y otras en la parte de la Misericordia, pero ambas son necesarias para el objetivo primordial y que va mucho más allá de lo que nosotros, en ese momento, podemos llegar a imaginar: la consecución de la Paz. Posiblemente, si pensáramos en todo esto cada vez que hacemos nuestro trabajo, nos sentiríamos tan presionados que erraríamos con más facilidad, así como un médico debe centrarse en realizar la intervención concreta, sin pensar que es una vida lo que tiene en sus manos y que las consecuencias podrían ser catastróficas si comete un error. Pero, al igual que el médico, no podemos olvidar que, en realidad, esa responsabilidad existe.

Fuera de esta Sala se encuentra otro Juicio: el Juicio mediático. En este punto entraría la ya mencionada relación entre la sociedad y el individuo. La sociedad es la encargada de garantizar que la Justicia es aplicada a todos los individuos a través de dos vías:

  1. Creando leyes que la garanticen (eligiendo a los representantes que las ejecuten).
  2. Denunciando situaciones injustas y movilizándose.

La segunda de estas vías es necesaria, imposible de controlar, típica de cualquier estado democrático, y sana en muchas ocasiones de injusticia social. Pero también existe una parte oscura de la misma. He de confesar que, como profesional, me he sentido muchas veces impotente al apreciar como personas cuya fuente de información era el artículo de cualquier periódico sensacionalista, sentenciaban a otra persona sin disponer de todos los detalles sobre el asunto. Persona cuyo futuro ha quedado sepultado a pesar de que un Juez le ha dado la razón. Es el duro Juicio del pueblo, es la ausencia de Misericordia, es el fracaso de una parte de la Justicia.

Estaría bien reflexionar sobre todos estos conceptos he intentar luchar por la consecución de la Paz Social y de la Justicia para, como dice el Pr. Philippe, permitir la convivencia recta entre los hombres. Al fin y al cabo y, según todo lo anterior, ese trabajo nos corresponde a todos, todos los días de nuestra vida.

Sin más dilación me despido, no sin antes saludaros cordialmente.

 

Una abogada en Alemania

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