Cómo ejercer en el extranjero y no morir en el intento

El tema de este post nace de mi insatisfacción personal. Cuando empecé a buscar trabajo en el extranjero, intenté documentarme sobre mis posibilidades y me sorprendió no encontrar prácticamente nada sobre el asunto. Espero que, si os encontráis en mí misma situación, podáis encontrar esta información de ayuda.

«Todos los viajes tienen sus ventajas. Si el viajero visita países que están en mejores condiciones, él puede aprender cómo mejorar el propio. Y si la fortuna lo lleva hacia peores lugares, quizá aprenda a disfrutar de lo que tiene en casa».- Samuel Johnson

Aquellos compañeros de la profesión a los que les encante eso de salir de la llamada «zona de confort» y vivir la maravillosa experiencia de salir al extranjero a buscarse la vida, les sonará esta historia que les voy a contar.

Lamentablemente nuestro sector nos pone muchas trabas a la hora de ejercer nuestra profesión en un país diferente al que hemos estudiado. Esto no ocurre con otras profesiones. Uno estudia derecho de su país de origen y, salvo varias asignaturas como Derecho Internacional y algunas otras, estudiamos la Ley y el Ordenamiento Jurídico de nuestro país. Sistemas jurídicos diferentes. Regímenes educativos diferentes. Culturas laborales diferentes. Pero no os desaniméis. Todo es posible y ejercer la abogacía en el extranjero también.

«Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas».- Henry Miller

El mundo, hoy en día, exige a los profesionales del derecho que nos globalicemos con él. Al fin y al cabo, el abogado es un intermediador en las relaciones humanas, y cuando éstas se globalizan, debemos hacerlo nosotros también para poder prestar dichos servicios. Esto, en la praxis, implica formarse con una perspectiva internacional.

Muchos de vosotros quizá habéis tomado la decisión de salir de vuestros países por obligación. Posiblemente la situación no ayuda a que podáis prosperar en vuestro trabajo y encontráis un país en el que vuestra formación es valorada y compensada económicamente mucho más. Otros quizá solo buscan nuevas experiencias y formación en el extranjero.

Sea como fuere, tenéis que empezar, ya en la universidad, a proyectar vuestra especialización en la rama internacional y, para ello, lo más importante serán los idiomas. Habéis leído bien: he escrito «los idiomas» porque conocimientos avanzados de inglés ya no es nada especial. El conocimiento de un idioma adicional os otorgará un valor añadido.

Pero tenéis que tener presente que vuestra preeminencia será vuestro idioma nativo. Allá donde vayáis, seréis interesantes en esta profesión porque habláis español y las empresas o despachos, o incluso los clientes, necesitarán a una persona que maneje, tanto la cultura como vuestro idioma (sin mencionar las leyes que eso lo doy por sentado).

En este sentido tenéis tres opciones:

  1. Buscar en despachos de abogados con departamentos internacionales: quizá alguno de vuestro país de origen con filiales en ese país o bien uno nacional del país extranjero con sede en vuestro país de origen.
  2. Empresa internacional en el departamento legal.
  3. Empezar una aventura por vuestra cuenta.

La tercera opción no os la recomiendo si no tenéis mucha experiencia y conocéis la cultura laboral del país de destino. Para formar un negocio propio hay que controlar muchos factores que, si sois nuevos se os escaparán.

Un despacho o empresa extranjera no va a contratar a un abogado que no hable el idioma de ese país en cuestión y que no conoce su Ordenamiento Jurídico. Contratará antes a un joven abogado de su país, por muy emprendedores, simpáticos y estupendos que seáis. Alguien me dijo alguna vez con toda la razón: «Un alemán nunca te va a contratar si encuentra a otro alemán que pueda hacer tu trabajo». Contratará a un extranjero cuando su CV sea interesante para la empresa y además su idioma sea necesario para la captación de nuevos clientes. Así que dirigir vuestras aplicaciones a este perfil de empresas o despachos. Pero tened claro que si no tenéis una noción mínima de ese idioma (con noción mínima me refiero a un B1/B2) ni se molestrán en seguir leyendo vuestro CV.

«En el momento en el que leas algo que no entiendes, puedes estar casi seguro que fue escrito por un abogado».-Will Rogers

Los idiomas bien merecen un tema aparte. Para los abogados, el lenguaje es un arma de trabajo. Nuestro trabajo es el lenguaje: la manipulación, el entendimiento y utilización del mismo es fundamental. Jugamos con él y también es nuestra seña de identidad. Se debe redactar con corrección y estilo. En la redacción es donde se ve si un abogado es un buen profesional. Cuando ejerces la profesión en el extranjero esto es algo que cuesta mucho. Porque, aunque tengas sólidos conocimientos del idioma en cuestión;

  1. El lenguaje legal es otro idioma.
  2. Para un nativo tus redacciones serán pobres y carentes de estilo
  3. El control de los términos y su significado concreto se te escaparán al principio.

No quiero desanimaros con esto. Ya os digo que poco a poco y con esfuerzo toda ciencia se domina y que vosotros seréis un valor para la empresa por vuestro idioma materno así que no os agobiéis pero no dejéis de estudiar.

En resumen:

  1. Focalizad vuestra especialización en el entorno internacional y los idiomas.
  2. El conocimiento de un tercer idioma hará que destaquéis con respecto al resto de candidatos.
  3. Recordad que seréis un activo en la empresa por vuestro idioma materno y vuestro conocimiento de las leyes de vuestro país de origen.
  4. Centrad vuestra búsqueda en los despachos con departamentos internacionales y las empresas internacionales.
  5. No os desaniméis nunca! Ejercer en el extranjero es posible y, hoy en día, cada vez más cotizado.

En el siguiente post os hablaré de cómo ejercer concretamente en Alemania.

Sin más dilación me despido no sin antes saludaros cordialmente.

Una abogada en Alemania.

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